Construido entre el XII y el XVI. Del Císter.

Toca
acercarnos al Museo de San Francisco enclavado en antiguo convento. Se presenta
un montaje audiovisual para la visita con oscuros y claros que pretenden
resaltar el valioso patrimonio del lugar. Retablo magnífico, con virgen de
Carmona, muchas obras de Tomás de la Sierra e hijos y dos maravillas de Juan de
Juni, San Jerónimo y San Sebastián, de 1537. El almirantazgo comienza con
Alonso Enriquez (1354-1429), titulo recibido en 1405 de manos de Enrique III. Conocemos
que el nombre del hotel, Vittoria Colonna, viene de la esposa de Luis III
Enriquez de Cabrera, octavo Almirante de Castilla.
Por esa puerta entró
enfermo tres meses antes de morir. A un convento, los carmelitas descalzos. Allí
muere un 14 de diciembre, 1591. Por ahí entramos, al Museo, para recorrer con
calma. A curar calenturillas desde La Carolina, dice la audioguía. Hay reliquias
y oratorio, o pequeña iglesia dedicada en su honor. En el
coro la celda donde murió. En
penumbra. Reliquias. Los restos se trasladaron a Segovia. Muere bajo el tañido
de las campanas de San Salvador, “a romper la tela del dulce encuentro”. Escuchando
el cantar de los cantares. Oscuridad. 
El Monasterio de la
Purísima Concepción lo llevan las Carmelitas Descalzas. 
Abre el museo. El de San Joaquín y
Santa Ana. Dentro del Monasterio, obra de 1596, estarán las recoletas
bernardas, también venden dulces. Mucho que ver, un Cristo de papelón, sólo hay
20 en España, los cuadros de Goya y su cuñado Bayeu en la Iglesia. Arriba
celdas convertidas en museo, infinidad de objetos. Otro yaciente de Fernández, (1631-36)
que ocupa la habitación y que es paso procesional y el niño del barro, Esteban
Calderón Lobo, que en 1884 y con sus manos creo algo para el convento. Un
objeto. Niño especial que se hizo grande. Google no lo recoge. Nadie parece
acordarse de él. De Goya el Tránsito de San José. Del XVII San Vicente Ferrer. Del
mismo siglo un Ecce Homo. Avanzamos un siglo, un San Atilano perplejo. Y Santa Ana
con la Virgen niña.

Convento del Carmen. Fundado
por Santa Teresa de Jesús, al llamado de los primeros duques de Pastrana, en
1569. Entre sus religiosos destaca la figura de San Juan de la Cruz que fue
maestro de novicios. Estuvo ocupado por Frailes Carmelitas hasta la
desamortización de Mendizábal (1836). Más tarde, en 1855, fue ocupado por la
Orden Franciscana, que lo utilizó como seminario para formar a los misioneros
que enviaban a extremo oriente. Hoy ya no residen ahí, se utiliza temporalmente
sólo. Visita guiada y muy interesante. Uno de los dos frailes que junto con la
Santa inician la actividad del convento era pintor también. Ahí están un par de
sus cuadros. Se llama Fray Juan de la Miseria. Pinta a su compañero, también
italiano, Ambrosio Mariano, recibiendo la Orden del Carmelo. Interesante cuadro
histórico también, el de la conversión del Duque de Gandía, cuando observa el cadáver
de la emperatriz Isabel. Obra de Salvador Maella. O San Juan de la Cruz pintado
por Alonso de Arco. El hijo de los príncipes, Fray Pedro González de Mendoza
(1570-1639) encarga a la Escuela Madrileña una serie de cuadros que reflejen la
estancia de Santa Teresa en Pastrana. Llegamos a la estrella de la colección,
el Cristo de la Verdad, de Gregorio Fernández. Magnífico en su altura. Una sorpresa,
la de Juan Antonio de Frías y Escalante (1633-1669) y su Transverberación de
Santa Teresa. 